Ayotzinapa es una población enclavada en medio de la selva guerrerense, en el municipio de Tixtla de Guerrero. Ojala que me hubiera enterado de su existencia porque algún oriundo de allá hubiera ganado un premio nacional de matemáticas o por haber realizado alguna proeza deportiva como los niños baquetbolistas de Triqui Oaxaca. Pero no.
Nueve muertos y 43 desaparecidos fueron la razón de que me enterara de que este pueblo existía en medio del estado de Guerrero.
El dolor y la tristeza que siento al escribir esto es inconmesurable. He tenido que detenerme en varias ocasiones para llorar y tomar aire.
Por supuesto que estoy consiente de que esta no es la primer matanza ni la mas numerosa que ha ocurrido en el país. Recuerdo perfectamente Aguas Blancas en el 95 y la masacre de Acteal en el 97.
Ambas masacres hasta donde recuerdo quedaron impunes. No se castigó ni se encarceló a nadie.
Habría que corroborar esto que escribo pero estoy casi seguro de que asi fue.
Yo he hecho un análisis muy personal de porque nuestro país solo funciona con corrupción y con violencia. Nadie lo toma en serio.
Creo que nadie lo toma en serio porque tomarlo en serio implicaría que cada individuo tomara consciencia de la responsabilidad que tiene para consigo mismo y para con la sociedad, de corregir su propias deficiencias de carácter y problemas emocionales que, cuando se suman, se convierten en un verdadero problema de salud que evita que podamos convivir en sociedad de manera sana.
He visto como estas deficiencias en el carácter de los mexicanos han destruido personas, familias, negocios, empresas y finalmente tienen al país sumido en el subdesarrollo, en un atraso educativo vergonzoso y en un ambiente de injusticia, impunidad y violencia intolerable.
Yo he sido testigo de como la falta de reflexión, la inmadurez y nuestro terrible complejo de inferioridad han destruido las vidas de muchas personas a mi alrededor. Yo mismo he tenido que sobrevivir a todo lo anterior y por supuesto que no salí ileso.
Pero lo peor, es que he sido testigo de como todo lo anterior crea políticos. En alguna época estuve rodeado de los mejores estudiantes de distintas carreras vinculadas con la política como Economía, Derecho y Ciencias políticas, de diferentes escuelas como la UNAM, el ITAM y la Libre de Derecho.
La falta de ética, la falta de valores y los delirios de grandeza son características que pude observar ya traen estas personas desde antes de comenzar a estudiar sus carreras. Estas características que lamentablemente, definen a los políticos de hoy y de siempre, no las obtienen una vez que consiguen un puesto político. Tampoco las aprenden de sus profesores en la facultad. ¡No!. Las traen desde sus casas. Sus familias, sus padres, son los responsables de haber creado megalomanos incompetentes. He observado hasta el cansancio como estas personas para cubrir necesidades emocionales truncas, encuentran en el camino de la política un medio muy eficiente, para crearse a si mismos una imagen de éxito de manera rápida, que no puede sino ser ficticia, pues el éxito genuino se debe obtener de manera lenta pero segura, a través de un crecimiento personal basado en el esfuerzo individual, y de la madurez obtenida través de la reflexión y el estudio.
Ese es mi diagnostico de lo que yo pude observar motivaba a esos jovenes estudiantes a perseguir un puesto dentro del gobierno. Estoy convencido que una gran mayoría buscaban esconder un grave complejo de inferioridad a través de ostentar un cargo de poder en el gobierno obteniendo asi mismo atención y dinero.
Es difícil entender que un megalomano es como es, debido a un grave complejo de inferioridad que es directamente proporcional al grado de su megalomanía.
Asi mismo será difícil que alguien pueda aportar pruebas científicas para verificar si lo que estoy escribiendo es verdad, pero la historia y la psicología no son ciencias exactas, y siempre dependerán de la interpretación para ofrecer una respuesta.
Mi interpretación de la matanza del 2 de Octubre de 1968 es que el presidente en turno Gustavo Diaz Ordaz se sentía feo. Era feo. Basta con ver la cara de mandril mal caricaturizado que tenía. Diáz Ordaz vivió bajo la sombra de su predecesor el presidente Adolfo Lopez Mateos. Lopez Mateos que era guapo y se codeaba con mandatarios, estadistas y celebridades por igual, viviendo la vida del jet set a todo lo que daba. Diaz Ordaz envidiaba eso.
Diaz Ordaz quería ser querido (muy similar a lo que describen los gringos que pasó con Nixon) quería ser admirado como lo había sido su predecesor ,el cual, en su momento le dió la bienvenida a Jhon F. Kennedy a México con bombo y platillo.
Hay fotos de los dos flamantes presidentes recorriendo la Av. Juarez y que por ser atractivos los dos, son fotos muy fáciles de ver.
Las fotos de Diaz Ordaz uno las evita.
Esto siempre le dolió al presidente Díaz Ordaz, el cual, solo pudo reaccionar de manera visceral cuando se enteró que unos estudiantes se estaban manifestando en contra de su gobierno justo unos meses antes de la que pretendía ser la obra cumbre de su mandato: Los juegos Olimpicos de 1968.
Ese evento pretendía mostrar al mundo lo civilizado y progresista que era el México moderno y que en menos de una generación ya habíamos podido dejar atrás las matanzas sangrientas de la revolución.
Este mensaje lo tenía que mandar México durante su sexenio si o si.
Diaz Ordaz no iba a permitir que nadie se le subiera a las barbas, bajo ningún punto de vista.
Ya bastante había sufrido bajo la sombra de Lopez Mateos como para ahora ya que por fin era el máximo jerarca, lo hicieran quedar mal ante el mundo unos cuantos estudiantes rijosos. Así que mando un claro mensaje de quien era el que mandaba. Aquí mandó yo. Y mandó matar a los manifestantes en Tlatelolco.
Según mi hipótesis, Diaz Ordaz pensaba tan poco de si mismo, que tuvo que recurrir al genocidio para poder sentirse importante.
Yo considero que el perfil psicológico lo es todo y lo explica todo, por encima de intereses políticos, decisiones de estado y negociaciones financieras. Lo malo es que nadie parece darle importancia.
Hoy que la violencia y la corrupción hicieron que desaparecieran 43 normalistas en Ayotzinapa, se pone una vez mas en evidencia que el gobierno está en un estado de corrupción inusitado con el crimen organizado infiltrado completamente hasta puestos bastante altos en el organigrama gubernamental. Yo estoy de acuerdo con todos aquellos que piden a gritos que haya un golpe de estado y se fusilen a todos los gobernantes. Perfecto. Matémoslos a todos.
Sin embargo me pregunto, ¿Una vez que hayamos quemado los cuerpos y lavado la sangre del piso y las paredes, a quien vamos a poner a gobernar?
¿Quien se siente con la madurez necesaria, con la sabiduría adecuada, con el valor suficiente para hacerle frente a un país tan desigual que nació corrupto y sin valores?
¿Quien tiene la calidad ética para tomar decisiones evitando que sus propias deficiencias emocionales interfieran y acabe corrompiéndose?
Yo honestamente desconfió bastante de la mayoría de mis compatriotas.
Lo que yo veo es que los mexicanos nos despreciamos los unos a los otros. Seguimos despreciando nuestro pasado indígena. Todos los ríos de la ciudad de México los entubamos, los escondimos bajo tierra, porque nos recordaban nuestro pasado indígena, pobre, atrasado y sometido por el yugo español. Mientras nos sigamos despreciándo a nosotros mismos con tal fuerza y claridad, yo seguiré desconfiando.
Es evidente que seguimos añorando ser completamente europeos. Güeros y altos. No chaparros y prietos. Cualquier mexicano que pretendía destacar en tiempos del porfiriato tenía por fuerza que irse a estudiar a Francia. Solo así podía uno lavar su origen humilde mexicano y aspirar a una vida mejor. Hoy sin una maestría o un trabajo en el extranjero el mexicano no es nadie.
Aquel que logre deshacerse de su origen mexicano podrá crecer y destacar, quien se quede en el país cerca de su origen mexicano será por mediocre y agachado. Es importante aclarar que esto no es real pero lamentablemente si es lo que pensamos que es real.
Y esto es asi, no porque lo diga yo. Esto lo vienen diciendo gente mucho mas preparada que yo como el historiador Samuel Ramos que escribió "El perfil del hombre y la cultura en México". Libro que debería ser el punto de partida para un cambio genuino en este país y que vengo recomendando desde que el actor Darío T. Pie recomendó su lectura en un programa de radio en el lejano 2005.
Aqui dejo un link para quien tenga el valor de leerlo lo haga.
Parece ser que en México, solo tenemos dos perfiles disponibles en nuestra sociedad. Los que se sienten superiores a los demás ya sea a través de su fortuna, por sus estudios o por el puesto de poder que ostentan. Abusivos y prepotentes. Y los que nos sentimos menos, oprimidos y sin oportunidades de progresar. Las pobres víctimas.
Esta visión extremista de la vida solo cabe en una mente inmadura con emociones infantiles.
Históricamente dentro de México siempre ha sido mas fácil que un extranjero consiga un puesto directivo que un mexicano. Seguimos haciendo distinciones por nacionalidades, color de piel, por apellidos, pero sobre todo por dinero.
Esto solo lo puede hacer una sociedad con valores humanos de pésima calidad.
Lo malo es que los valores humanos no se aprenden en la primaria, ni en la facultad, ni en el senado de la república. Se aprenden a través del ejemplo de los padres.
Ahi es donde estamos fallando terriblemente los mexicanos.
Estamos teniendo hijos sin la consciencia suficiente de lo que eso implica.
Sencillamente, tenemos hijos por razones que no tienen nada que ver con tener una genuina vocación de educar y formar a otro ser humano. De ahí que México se haya convertido en un semillero de empresarios, políticos, burócratas, policías, y de mas oficios, prepotentes, corruptos e incompetentes.
Los políticos y los empresarios no son una raza aparte. No son invasores de otro país que llegaron a México a saquearlo. Nuestros políticos y empresarios son mexicanos, como cualquier otro, salidos de familias mexicanas como cualquier otra.
Los mexicanos no valoramos el conocimiento científico, lo despreciamos por que nos acera irremediablemente a la realidad y mejor preferimos usar en su lugar una especie de pensamiento mágico que nos hace pensar que por haber sufrido en la vida o por habernos portado bien, alguien mágicamente nos va a recompensar providencialmente.
Sentimos que evaluar las evidencias y hacer un juicio apegado a la realidad es algo indeseable porque no da cabida a la esperanza o a la buena suerte.
Una decisión basada en nuestra evaluación de las evidencias nos hace responsables directos de sus resultados, y eso es algo que no nos gusta. Preferimos depender del azar. En una de esas es chicle y pega, no le eches la sal.
Chava Flores nos describió asi: A que le tiras cuando sueñas mexicano, y nos da risa, cuando lo que nos debería de dar es vergüenza.
Pero claro, los corruptos, abusivos e incompetentes siempre son los demás, a mi mi mamí me educó muy bien y si hago actos de dudosa ética es porque tengo una buena justificación.
Castiguen a todos los políticos que quieran, se lo merecen. Pero cuidado porque no tenemos mejor material humano para sustituirlos. Solo cambiando nuestra forma de ser desde la raíz, de manera responsable e individual es como podremos pretender soltar nuestra pesada herencia cultural llena de traumas, injusticia y sangre para empezar a contar con seres humanos de mejor calidad ética que ahora si nos permitan construir algo mas justo para todos los que habitamos este pedazo de tierra.
Yo honestamente no encuentro otra manera.
Los mexicanos somo el resultado de cientos de años de educación perversa para hacernos creer que los valores morales que ostentamos son nuestra tradición, mentira, son lo que el gobierno ha querido que sean. Juárez eran un indígena que en cuanto obtuvo su cuota de poder ya no la quiso soltar y prefirió hacerse dictador, todo antes que ser indio. Llevamos siglos adoptando modas y tratando de hablar otra cosa que español, corriendo a Francia para ser francés como el nefasto Díaz. Haciendo creer al pueblo que solo así se cultivará y será alguien en la vida. Pero es lo que ha querido el gobierno, la tradición familiar es la que establece el gobierno. Vamos desnudando a los falsos héroes del país, a las falsas tradiciones, vamos rompiendo con ellas, vamos a gritar a los cuatro vientos cuando exista una injusticia tan brutal como la que ha habido y que ahora escoge Ayotzinapa o Tlataya para hacerse notar con toda su impunidad con la certeza de que estamos en el país de no pasa nada. Falta poco, muchos no se moverán para no perder lo poco o mucho que tienen, pero el hartazgo ya está aquí, con ventajas que antes no se tenían, el México bronco, ese que sale del fondo de los corazones ha comenzado a brotar. Y cuando la impotencia derrame su gota de hiel, ya no habrá nada que la pueda detener y se hará justicia o se tomará venganza, ya no importará la diferencia. Que se puede hacer con un estado fallido, un gobierno que ha trabajado durante siglos para tener esclavos y que ahora es incompetente, negligente y prepotente? Hasta el perro más fiel muerde la mano del amo que le da de comer, solo falta poco, muy poco. No creo que además de hacernos víctimas el gobierno, todavía tengamos la culpa nosotros. Somos el resultado de lo que planearon, creo que les llegó la hora de recibir lo que merecen. Y en cuanto nos demos cuenta del poder que tenemos, podrá llegar cualquier nuevo sátrapa, pero ya no será tolerado.
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