Aquí vamos de nuevo. Una campaña electoral mas. La mercadotecnia política a todo lo que da.
De hecho creo que aparte de los propios políticos los verdaderos ganadores de tantas mentiras y tantas sandeces son los mercadólogos políticos.
Los spots publicitarios de todos los partidos los encuentro francamente ofensivos. Apuestan a la clásica falta de memoria que ha formado parte esencial de la sociedad mexicana por generaciones, pero que cada vez es menos posible practicarla gracias a la gran cantidad de diferentes fuentes de información que evitan que se nos olviden las cosas.
La llamada oposición está peor que nunca, está débil, dividida, y con una falta de credibilidad total.
No se quien les puede creer.
Lo peor es que hablan en un tono que pretende aparentar que ellos nunca han estado en el gobierno y que todo lo malo que ha pasado en México ha sido por culpa del PRI y para nada consideran las oportunidades que ellos ya han tenido para cambiar las cosas y no lo han hecho ni en lo mas mínimo.
En la otra esquina tenemos al PRI, el cual, ha recobrado toda la fuerza que en algún momento tuvo y que está implementando de la misma forma que siempre lo ha hecho, de forma prepotente, violenta y desquiciada.
El problema esencial y que parece que nadie quiere mirar muy de cerca porque implicaría que tendríamos que cambiar todo el sistema democrático en general, es que nuestros partidos políticos, y para el caso los de cualquier otros país, no son lo que dicen ser.
Especialmente en México no son organizaciones populares para la generación ideas políticas basadas en una ideología. Ideología, ¡que va! Son a todas luces, negocios particulares financiados con dinero publico para obtener riqueza y poder. Nada mas.
La riqueza y el poder son ambiciones humanas universales, sin embargo creo que en México y otros países pobres, cumplen un papel singular: el de permitirle a los interesados a dejar de pertenecer al populacho y poder ingresar a grupo privilegiado alejado del subdesarrolllo dentro de un país subdesarrollado.
Cuando los mexicanos conservadores trajeron al pobre de Maximilano para que fuera Emperador, lo hicieron entre otras cosas para poder mantener una aristocracia mexicana que claramente marcara las diferencias entre los mexicanos de alcurnia y la indiada.
Ese ha sido el objetivo primordial de los mexicanos desde 1821, alejarnos a como de lugar de nuestro pasado indígena, pues lo consideramos incivilizado y atrasado.
El mismo Juarez quería acabar con la desigualdad social, educando a los indígenas a la europea, tal y como él se había educado. Juarez nunca fue partidario de conservar tradiciones ni lenguas autoctonas. El quería estandarizar al país con leyes y normas sociales venidas de Europa y copiadas de los Estados Unidos.
Por eso años mas tarde, en un acto muy simbólico, entubamos todos los canales de la Ciudad de México pues nos recordaban nuestro pasado indígena alejado del progreso europeo.
Sin embargo, contradictoriamente, cuando necesitamos hablar de identidad nacional, entonces recurrimos a los trajes típicos, las artesanías y a las pirámides, aunque siempre vistas desde una distancia prudente que nos permita no ser asociados a ellas muy directamente.
Durante todos estos años los mexicanos no hemos sabido resolver el conflicto de sentirnos europeos, de vivir con normas, ideas y tradiciones europeas, pero haber nacido y tener que vivir en la tierra del maíz.
En este sentido, la política en México siempre ha sido la herramienta mas eficaz para aquel que avergonzado de su pasado, ya sea el familiar, el social o el histórico, y que busque desligarse de él, lo consiga pasando a pertenecer a una categoría supuestamente superior de manera rápida.
Lo que tenemos en México actualmente no es otra cosa mas que una aristocracia disfrazada de gobierno institucional.
No soy el primero ni el mas preparado en haber mencionado lo anterior.
Sin embargo considero que es importante evidenciar que seguimos teniendo una aristocracia con todos sus privilegios y comodidades en un país que ha enfrentado una guerra de independencia, una guerra de reforma y una revolución armada justamente para evitar que perdurara la aristocracia.
Sin embargo, a pesar de que se trata de una aristocracia a la antigua con todas sus características esenciales, existe una notable diferencia
Antes al monarca lo elegía Dios, lo cual le daba legitimidad a su poder.
Hoy ya no es Dios sino los votantes los que legitiman el poder del gobernante, y hemos visto hasta el hartazgo como utilizan dicha legitimidad para defender lo indefendible.
Esto me lleva a proponer lo siguiente.
Hasta el cansancio se ha repetido que la definición de locura es hacer siempre la misma acción esperando un resultado distinto.
Siguiendo esta definición los mexicanos estamos realmente desquiciados porque elección tras elección vamos a las urnas a votar a veces por el azul, luego por el amarillo, luego por el verde y luego otra vez por al azul, esperando en cada ocasión que las cosas cambien.
Estamos haciendo lo mismo una y otra vez esperando un resultado diferente. Estamos por ende, locos.
Yo considero que una forma de sacudir a la aristocracia es quitándose su escudo de legitimidad.
Creo que el voto nulo haría justamente eso.
Mucha gente le tiene miedo al voto nulo porque argumentan que tan solo beneficiaría al PRI.
Yo considero que el PRI cuenta con una maquinaria mucho mas poderosa y efectiva para ganar elecciones que no requiere en lo absoluto de los votos nulos para ganar.
Otros dicen que el voto nulo no tiene reconocimiento legal, lo cual es cierto, pero ya viene siendo la hora de que lo tenga.
A veces pareciera que México solo tiene dos opciones, o la paz corrupta e indecente de siempre o la guerra de revolución.
Yo considero que hay un tercer camino: quitémosle la legitimidad a los políticos anulando los votos.
A ver que pasa.
Nunca lo hemos hecho.
Ya viene siendo tiempo de hacer algo distinto, lo que sea, incluso solo por el afán de hacer algo distinto.
Yo anularé mi voto porque no tengo otra opción, no le creo a ningún partido. Yo solo veo a una aristocracia moderna muy solida y muy fuerte que mantiene y legitima sus privilegios elección tras elección.
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